Su colegio sólo daba primaria y, al año siguiente, fue al instituto. En el instituto, tuvieron que construir una rampa para que pudiera acceder, mientras, sus dos amigos que se apuntaron al mismo instituto que él, le subían en brazos. Tras pasar muchos problemas: como no poder bajar una acera sin rampa, o no poder dar un concierto de violín por unas simples escaleras (donde siempre estuvieron presentes sus dos amigos) Samuel llegó a tener 16 años y seguir en sillas de ruedas. El médico le dijo que si ponía muchísimo esfuerzo, puede que volviera a andar.
-Yo…-dijo Samuel- me da un poco de miedo de lo que pueda pasar, me podría caer.
-Eso si es verdad-dijo el médico-, haz lo que veas conveniente, con el permiso de tus padres.
Samuel se lo dijo a Rafa y a Ana.
-¡Eso es genial!-dijeron a coro los dos.
-Sí, pero me podría caer-dijo Samuel.
Rafa y Ana agarraron a Samuel de las dos manos e intentaron que se apoyase aunque estuviera apoyado en ellos dos. Lo consiguió. A la semana, Samuel pudo andar con muletas. Y, al mes, consiguió andar bien.
Un día, Samuel se encontró con sus antiguos amigos, que no eran sus amigos de verdad.
-¿Ya estás curado?-dijo uno de ellos (Lucas)
-Sí-dijo Samuel.
-Nos haría mucha ilusión que volvieras al equipo de fútbol-dijo Lucas.
-Solo piensas en el fútbol-dijo Samuel-, pues no, no volveré.
-Pero si ya estas curado-dijo Lucas.
-Pero si no me quisisteis cuando estaba en silla de ruedas, ahora tampoco.
Samuel tuvo dos amigos que le ayudaron, y, consiguió andar, pero,
¿Qué hubiera pasado si no los hubiera tenido? ¿Y si no se hubiera curado?
Hay otros niños que tienen Síndrome de Down, por ejemplo, y viven siempre con ello.
No discriminéis a nadie por tener alguna discapacidad, de ningún tipo.
FIN
viernes, 17 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
La discapacidad:1ª parte
La discapacidad
Érase una vez, un niño llamado Samuel. Samuel era un niño normal con doce años. A Samuel le gustaba mucho jugar al fútbol. Como muchas veces pasa cuando unos pocos de niños juegan en un parque, la pelota se va a la carretera, entonces, Samuel fue a cogerla, pero no vio a un coche que pasaba por la calle, en ese momento, y le pilló las piernas. Todos sus amigos fueron corriendo hacia él y llamaron a la ambulancia. Al día siguiente, los amigos de Samuel fueron a visitarlo, y, por suerte, solo tenía una pierna rota.
-¿Cómo se encuentra doctor?-le dijo la madre de Samuel al médico.
-Mañana le daremos el alta-dijo el doctor-, pero, Samuel quedará discapacitado en silla de ruedas.
-¡¡¿¿QUÉ??!!-dijo Samuel.
-Lo siento-dijo el doctor.
-Y, ¿podré volver a andar?-dijo Samuel.
-Lo dudo-dijo el doctor.
Al día siguiente, Samuel fue a su casa. Su casa se encontraba en un bloque de pisos sin ascensor. Vivía en el cuarto piso.
-Mamá, ¿cómo subiré todos los días a casa?-dijo Samuel.
-Pues no habrá más remedio que cambiarse de casa-dijo su madre.
-¿Y mientras encontréis la casa?-dijo Samuel.
-Cogeremos una silla entre tu padre y yo y te subiremos-dijo su madre.
A la mañana siguiente bajó con el método que le dijo su madre. En el colegio también encontró problemas: su clase estaba en un segundo piso sin ascensor, lo llevaron entre dos profesores, y, en clase, su profesor lo sentó al final de la clase para que su silla no molestase a los demás alumnos. Dio su clase normal, pero no pudo salir a la pizarra por su discapacidad. Sus profesores decidieron trasladarse de clase a la planta baja. En el recreo, no pudo jugar a su deporte favorito, el fútbol. Terminó el día de clase. Su mejor amigo, Rafa, y su amiga, Ana, siempre intentaban ayudar en lo que podían, de hecho, Rafa no jugó al fútbol para quedarse con él y Ana no jugó con sus amigas para estar con él. Sin embargo, sus otros amigos, no le hicieron ni caso, le despreciaron, solo estaban con él porque jugaba muy bien al fútbol. Sus padres decidieron buscar otra casa mucho más lejos de la actual porque era la única que estaba en un bajo. Al cambiar de casa, Samuel tuvo que cambiar de colegió, donde no tenía amigos. Pero sus dos amigos Rafa y Ana siempre estaban con él. En ese colegio nadie quería estar con él. A Samuel le gustaba tocar el violín. Decidió apuntarse a una escuela.
Cuando fue el primer día, se encontró el primer problema: no había ascensor. Samuel tuvo que dar las clases en su casa.
Érase una vez, un niño llamado Samuel. Samuel era un niño normal con doce años. A Samuel le gustaba mucho jugar al fútbol. Como muchas veces pasa cuando unos pocos de niños juegan en un parque, la pelota se va a la carretera, entonces, Samuel fue a cogerla, pero no vio a un coche que pasaba por la calle, en ese momento, y le pilló las piernas. Todos sus amigos fueron corriendo hacia él y llamaron a la ambulancia. Al día siguiente, los amigos de Samuel fueron a visitarlo, y, por suerte, solo tenía una pierna rota.
-¿Cómo se encuentra doctor?-le dijo la madre de Samuel al médico.
-Mañana le daremos el alta-dijo el doctor-, pero, Samuel quedará discapacitado en silla de ruedas.
-¡¡¿¿QUÉ??!!-dijo Samuel.
-Lo siento-dijo el doctor.
-Y, ¿podré volver a andar?-dijo Samuel.
-Lo dudo-dijo el doctor.
Al día siguiente, Samuel fue a su casa. Su casa se encontraba en un bloque de pisos sin ascensor. Vivía en el cuarto piso.
-Mamá, ¿cómo subiré todos los días a casa?-dijo Samuel.
-Pues no habrá más remedio que cambiarse de casa-dijo su madre.
-¿Y mientras encontréis la casa?-dijo Samuel.
-Cogeremos una silla entre tu padre y yo y te subiremos-dijo su madre.
A la mañana siguiente bajó con el método que le dijo su madre. En el colegio también encontró problemas: su clase estaba en un segundo piso sin ascensor, lo llevaron entre dos profesores, y, en clase, su profesor lo sentó al final de la clase para que su silla no molestase a los demás alumnos. Dio su clase normal, pero no pudo salir a la pizarra por su discapacidad. Sus profesores decidieron trasladarse de clase a la planta baja. En el recreo, no pudo jugar a su deporte favorito, el fútbol. Terminó el día de clase. Su mejor amigo, Rafa, y su amiga, Ana, siempre intentaban ayudar en lo que podían, de hecho, Rafa no jugó al fútbol para quedarse con él y Ana no jugó con sus amigas para estar con él. Sin embargo, sus otros amigos, no le hicieron ni caso, le despreciaron, solo estaban con él porque jugaba muy bien al fútbol. Sus padres decidieron buscar otra casa mucho más lejos de la actual porque era la única que estaba en un bajo. Al cambiar de casa, Samuel tuvo que cambiar de colegió, donde no tenía amigos. Pero sus dos amigos Rafa y Ana siempre estaban con él. En ese colegio nadie quería estar con él. A Samuel le gustaba tocar el violín. Decidió apuntarse a una escuela.
Cuando fue el primer día, se encontró el primer problema: no había ascensor. Samuel tuvo que dar las clases en su casa.
CONTINUARÁ
sábado, 27 de noviembre de 2010
El collar de diamantes: 2ª parte
El collar de diamantes
2ª parte
-Samuel, creo que deberíamos subir a la montaña-dijo Lucía.
-De acuerdo-dijo Samuel-, mañana a las cinco de la tarde en la puerta de mi casa.
Y así fue. Empezaron a subir y a subir y llegaron, más o menos a la mitad de la montaña. Se hizo de noche y decidieron parar a dormir en sus sacos de dormir. Cenaron algo de la comida que llevaban y se durmieron. A Lucía le costó dormir. A la mañana siguiente, desayunaron y, por suerte, Lucía tenía hiperactividad, no cansancio. Se encontraron con una serpiente, pero, por suerte, Lucía sabía ahuyentarlas. Por fin llegaron a la cima. Había un hombre, con el que Samuel habló:
-Encontramos este collar, y Lucía está mal porque se lo puso, por favor, quíteselo.
Cuando el hombre tocó el collar, este brilló y se calló al suelo.
-Habéis sido muy valientes al subir a esta montaña-dijo el hombre.
Lucía no volvió a enfermar y fueron felices y comieron perdices.
Fin
2ª parte
-Samuel, creo que deberíamos subir a la montaña-dijo Lucía.
-De acuerdo-dijo Samuel-, mañana a las cinco de la tarde en la puerta de mi casa.
Y así fue. Empezaron a subir y a subir y llegaron, más o menos a la mitad de la montaña. Se hizo de noche y decidieron parar a dormir en sus sacos de dormir. Cenaron algo de la comida que llevaban y se durmieron. A Lucía le costó dormir. A la mañana siguiente, desayunaron y, por suerte, Lucía tenía hiperactividad, no cansancio. Se encontraron con una serpiente, pero, por suerte, Lucía sabía ahuyentarlas. Por fin llegaron a la cima. Había un hombre, con el que Samuel habló:
-Encontramos este collar, y Lucía está mal porque se lo puso, por favor, quíteselo.
Cuando el hombre tocó el collar, este brilló y se calló al suelo.
-Habéis sido muy valientes al subir a esta montaña-dijo el hombre.
Lucía no volvió a enfermar y fueron felices y comieron perdices.
Fin
viernes, 19 de noviembre de 2010
El collar de diamantes
El collar de diamantes
Érase una vez, hace unos años, una niña llamada Lucía y su amigo Samuel, dando un paseo por la ciudad, se encontraron un collar muy bonito. Estaba formado por diamantes de todos los colores: morado, rojo, rosa, amarillo…
-¡Samuel, mira este collar!-dijo Lucía mientras se lo ponía-, ¿me queda bien?
-Sí, muy bonito-dijo Samuel-, Lucía, ya es tarde, tenemos que irnos a casa.
-De acuerdo, nos vemos mañana en el colegio-dijo Lucía mientras se iba.
Al día siguiente, Lucía no fue al colegio porque se encontraba enferma con una enfermedad que nadie conocía. Al otro día, Lucía fue al colegio y se encontraba hiperactiva.
-¡Vamos a hacer algo!-dijo Lucía-. ¡A jugar!
Todo eso lo decía muy rápido y casi saltando. Al día siguiente, Lucía se encontraba muy cansada.
-Tengo mucho sueño-dijo Lucía tras bostezar.
-Llevas unos días muy rara-dijo Samuel-, después del colegio iremos a la biblioteca a ver si encontramos algo.
Más tarde, en la biblioteca; encontraron un libro con pinta de ser antiguo titulado: “Enfermedades”. Donde no encontraron nada, y así con diez libros más.
-Vámonos- dijo Lucía-, tengo sueño.
-Vale-contestó Samuel.
Pero, al colocar los libros, se cayó uno y se abrió por una página con la foto del colgante que encontraron y que Lucía se puso. Lo leyeron:
“Este collar produce enfermedades, hiperactividad y cansancio. A la semana de llevarlo puesto, la persona morirá. Solo se puede encontrar un remedio si suben a la montaña llamada “La salvaje” y buscan a el sabio que se encuentra en la cima”.
-¡Quítate ese collar!-le dijo Samuel a Lucía.
Pero no se podía quitar.
Continuará
Érase una vez, hace unos años, una niña llamada Lucía y su amigo Samuel, dando un paseo por la ciudad, se encontraron un collar muy bonito. Estaba formado por diamantes de todos los colores: morado, rojo, rosa, amarillo…
-¡Samuel, mira este collar!-dijo Lucía mientras se lo ponía-, ¿me queda bien?
-Sí, muy bonito-dijo Samuel-, Lucía, ya es tarde, tenemos que irnos a casa.
-De acuerdo, nos vemos mañana en el colegio-dijo Lucía mientras se iba.
Al día siguiente, Lucía no fue al colegio porque se encontraba enferma con una enfermedad que nadie conocía. Al otro día, Lucía fue al colegio y se encontraba hiperactiva.
-¡Vamos a hacer algo!-dijo Lucía-. ¡A jugar!
Todo eso lo decía muy rápido y casi saltando. Al día siguiente, Lucía se encontraba muy cansada.
-Tengo mucho sueño-dijo Lucía tras bostezar.
-Llevas unos días muy rara-dijo Samuel-, después del colegio iremos a la biblioteca a ver si encontramos algo.
Más tarde, en la biblioteca; encontraron un libro con pinta de ser antiguo titulado: “Enfermedades”. Donde no encontraron nada, y así con diez libros más.
-Vámonos- dijo Lucía-, tengo sueño.
-Vale-contestó Samuel.
Pero, al colocar los libros, se cayó uno y se abrió por una página con la foto del colgante que encontraron y que Lucía se puso. Lo leyeron:
“Este collar produce enfermedades, hiperactividad y cansancio. A la semana de llevarlo puesto, la persona morirá. Solo se puede encontrar un remedio si suben a la montaña llamada “La salvaje” y buscan a el sabio que se encuentra en la cima”.
-¡Quítate ese collar!-le dijo Samuel a Lucía.
Pero no se podía quitar.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Burgos
Estuve de excursión en Burgos. Fui una semana y era todo pagado. Además, compartimos habitación y convivimos con dos colegios más. Lo que más me gustó fue la catedral de Burgos, que era muy bonita. La monitora explicaba muy bien. Aprendí muchas cosas e hice muchos amigos, y, aunque no nos volvamos a ver porque viven muy lejos, seguimos en contacto. Ya os contaré más concretamente todo lo que hicimos.
¡¡ME LO PASÉ MUY BIEN!!
sábado, 11 de septiembre de 2010
La princesa envidiosa
Esto es un cuento que he tenido que escribir para el colegio, aquí lo tenéis antes de que se lo entregue a mi profesor:
La princesa envidiosa
Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo, existían dos castillos. En un castillo vivía el rey Fernando con su hija Estefanía. Y en el otro la reina Eugenia con su hija mayor, Federica. El rey Fernando y la reina Eugenia estuvieron casados y Estefanía y Federica eran sus hijas, pero se separaron y cada uno se quedó con una de ellas y uno de los castillos. Estefanía tenía un novio, se querían mucho, y se iban a casar al mes siguiente. Federica no tenía novio. Ella intentaba por todos los medios casarse con alguien antes que su hermana. Había besado ya a más de cien sapos para ver si alguno se convertía en príncipe. Federica era muy envidiosa y tenía más cosas y de mayor calidad que su hermana, excepto que no tenía novio. Una vez en el bosque, Federica besó a otro sapo, y ella se convirtió en una humilde mujer del pueblo. El sapo desapareció, pero antes dijo:
-Cuando encuentres el amor verdadero, te convertirás en princesa.
Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo, existían dos castillos. En un castillo vivía el rey Fernando con su hija Estefanía. Y en el otro la reina Eugenia con su hija mayor, Federica. El rey Fernando y la reina Eugenia estuvieron casados y Estefanía y Federica eran sus hijas, pero se separaron y cada uno se quedó con una de ellas y uno de los castillos. Estefanía tenía un novio, se querían mucho, y se iban a casar al mes siguiente. Federica no tenía novio. Ella intentaba por todos los medios casarse con alguien antes que su hermana. Había besado ya a más de cien sapos para ver si alguno se convertía en príncipe. Federica era muy envidiosa y tenía más cosas y de mayor calidad que su hermana, excepto que no tenía novio. Una vez en el bosque, Federica besó a otro sapo, y ella se convirtió en una humilde mujer del pueblo. El sapo desapareció, pero antes dijo:
-Cuando encuentres el amor verdadero, te convertirás en princesa.
Y así fue. El sapo la convirtió en una mujer muy guapa, y en seguida encontró a su verdadero amor, Antonio. Se casaron las dos hermanas con sus respectivos novios.
Todo se cumplió y todo terminó.
¿Os ha gustado?¿Qué nota me pondíais?¿Por qué?
Todo se cumplió y todo terminó.
¿Os ha gustado?¿Qué nota me pondíais?¿Por qué?
lunes, 23 de agosto de 2010
Feria
Estos días ha sido la feria de mi pueblo. Como todo el mundo de mi pueblo sabe, la feria de agosto no es como la de mayo, la de mayo es mucho mejor. Este año ha habido 4 casetas y muy pocas atracciones. Menos mal que llegó otra una atracción el 2º día de feria, porque si no no sé donde mi iba a montar.
¡¡NO HA SIDO MUY BUENA PERO ME LO HE PASADO MUY BIEN!!
lunes, 12 de julio de 2010
Mundial de Sudafrica
¡¡HEMOS HECHO HISTORIA!!
¡¡HEMOS GANADO EL MUNDIAL!!
Si, lo hemos ganado, pero con muchos cardenales y heridas, porque los holandeses no paraban de hacer faltas. Pero nosotros le dijimos:

Pero ahora el problema es que en las cadenas no paran de poner las mismas fotos, que ya que estamos, las pongo yo.
Estas dos fotos son, estas dos fotos son las culpables de que no se pueda ver en la televisión otra cosa más que fútbol, y fútbol y fútbol. Si solo fuera en una cadena...
¡Pero las ponen en todas!
¡Para ver otra cosa tienes que ver publicidad!
Pero bueno, me gustó muchísimo que hayamos ganado el mundial. No hay otro equipo de fútbol que sea mejor que nosotros.
Pero bueno, me gustó muchísimo que hayamos ganado el mundial. No hay otro equipo de fútbol que sea mejor que nosotros.
¿Pero qué es esto? ¿Pulpo a la gallega? Umm... qué rico... Pero no nos podemos comer a Paul porque ha acertado, y además le gusta el equipo de España. ¡Espero que el año que viene siga siendo el adivino Paul! Y que no falle. O si... porque comer pulpo a la gallega...
Bueno quedan cuatro años, cuatro años que tendremos la copa.
¿Pero qué es esto? Esta camiseta no sirve. No, ahora tiene que tener una estrellita. Asi que a tirarlas. Yo si tuviera alguna no la tiro, yo tengo pegatianas con forma de estrellas. Si, mi camiseta es muy autentica.
¡¡AHORA A DISFRUTAR CON LA ROJA!!
domingo, 11 de julio de 2010
Fiebre Roja
¿Se nota que España está en la final?
No, yo no lo noto.
No se ve a ninguna persona vestida de otro color que no sea rojo. Es impresionante. Hay gente que ha dicho que si gana España se rapaba el pelo al cero. Yo claro que no, me gusta mi pelo.
Además, Paul (el pulpo) está con nosotros, pero si falla... pobre Paul.
Paul, las mentiras se pagan.
Yo espero que...
¡¡GRITEMOS GOOOOOOOOOOL!!
¡¡ARRIBA LA ROJA!!
martes, 6 de julio de 2010
Raúl: 3ª parte
3ª parte
Raúl
A la semana siguiente, en el médico:
-Buenas noticias Raúl- dijo el doctor.
-¡Van a trasladar a Fede de colegio!-dijo Raúl.
-¡No digas tonterías!-dijo su madre.
-Te vamos a quitar las muletas-dijo el doctor.
-¡¡NNOO!!-dijo Raúl.
-Pero hijo, si hace una semana no querías tener muletas-dijo su madre.
-Ya pero si me quito las muletas tendré que jugar al baloncesto con Fede-dijo Raúl.
-Pues no juegues al baloncesto-dijo su madre.
-Pero es que a mí me gusta el baloncesto-dijo Raúl.
-Pues no juegues con él.
Al día siguiente, en el colegio, Raúl ya no llevaba las muletas.
-Hola Raúl, sabías que yo estaba de broma con lo de “cuatro patas”-dijo Fede.
-No, no lo sabía-dijo Raúl-, no lo sabía porque lo decías en serio, y por cierto, me he borrado del equipo de baloncesto.
-¡¿QUÉ?!-dijo Fede-, sin ti no ganamos en la vida.
-Pues eso haberlo pensado antes de haberme insultado-dijo Raúl.
Y Fede se fue muy enfadado.
-Hola Lucía-dijo Raúl.
-Hola Raúl-dijo Lucía-que bien que te hayan quitado las muletas, bueno, muy bien no, porque vas a estar con Fede y nos vas a dejar a Samuel y a mí solos.
-Te equivocas-dijo Raúl-, he dejado el equipo de baloncesto por vosotros, y si a ti te gusta podemos formar no nosotros.
-¡Me encanta el baloncesto!-dijo Lucía.
-¡Vamos a buscar a gente para formar el equipo!-dijo Raúl.
Cuando ya tenían el equipo formado, se apuntaron a un concurso que había en el pueblo y empezaron a practicar.
Continuará
Raúl
A la semana siguiente, en el médico:
-Buenas noticias Raúl- dijo el doctor.
-¡Van a trasladar a Fede de colegio!-dijo Raúl.
-¡No digas tonterías!-dijo su madre.
-Te vamos a quitar las muletas-dijo el doctor.
-¡¡NNOO!!-dijo Raúl.
-Pero hijo, si hace una semana no querías tener muletas-dijo su madre.
-Ya pero si me quito las muletas tendré que jugar al baloncesto con Fede-dijo Raúl.
-Pues no juegues al baloncesto-dijo su madre.
-Pero es que a mí me gusta el baloncesto-dijo Raúl.
-Pues no juegues con él.
Al día siguiente, en el colegio, Raúl ya no llevaba las muletas.
-Hola Raúl, sabías que yo estaba de broma con lo de “cuatro patas”-dijo Fede.
-No, no lo sabía-dijo Raúl-, no lo sabía porque lo decías en serio, y por cierto, me he borrado del equipo de baloncesto.
-¡¿QUÉ?!-dijo Fede-, sin ti no ganamos en la vida.
-Pues eso haberlo pensado antes de haberme insultado-dijo Raúl.
Y Fede se fue muy enfadado.
-Hola Lucía-dijo Raúl.
-Hola Raúl-dijo Lucía-que bien que te hayan quitado las muletas, bueno, muy bien no, porque vas a estar con Fede y nos vas a dejar a Samuel y a mí solos.
-Te equivocas-dijo Raúl-, he dejado el equipo de baloncesto por vosotros, y si a ti te gusta podemos formar no nosotros.
-¡Me encanta el baloncesto!-dijo Lucía.
-¡Vamos a buscar a gente para formar el equipo!-dijo Raúl.
Cuando ya tenían el equipo formado, se apuntaron a un concurso que había en el pueblo y empezaron a practicar.
Continuará
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