viernes 4 de diciembre de 2009

La robot, Linda: 2ª parte

-Eres un genio Lourdes-dijo su madre- ni los mejores genios…
Pero Linda la interrumpió:
-¿Por qué es un genio?
-Eh…-dijo su madre-, porque… te ha traído aquí sin que te viéramos.
-Sí-dijo Lourdes-, soy la genio de que no me vean.
-¡¿SI?!-dijo Linda-Porque en mi colegio soy yo, anda que casualidad, ¿me puedes poner flan para merendar? Es mi plato favorito, ¿lo sabías?
-Pues fíjate-dijo la madre de Lourdes-, el postre favorito de mi hija también es el flan.
-Bueno, pues en la nevera hay dos ve a por el tuyo y luego yo iré a por el mío-dijo Lourdes.
-No-dijo Linda-, yo te traeré también el tuyo.
-Vale -dijo Lourdes.
Cuando Linda salió de la habitación Lourdes le dijo a su madre:
-Linda está creada para ser una especie de doble mío.
-Aquí vienen los refrescos de lima-limón, es mi favorito, espero que te guste, lo he traído desde Tenerife.
-¡Estupendo, también es el mío-fingió Lourdes para que se creyese que solo era casualidad, aunque ya la había programado así.
En el colegio, todos miraron a Linda con cara extraña y se le acercaban muchas amigas porque el hecho de llamarse Linda no era por algo, es que era linda.
Ahora Lourdes seguía pensándose que estaba sola en el mundo y descubrió que tenía que ser más abierta y relacionarse con la gente.







FIN

La robot, Linda: 2ª parte

La robot, Linda: 1ª parte

É
rase una vez una niña con diez que se sentía muy sola en el mundo, en el colegio era la única que sacaba esas notas, la única que vestía así, la única que se llamaba así y la única que tenía esas ideas, se llamaba Mª Josefa Lourdes, a la que llamaremos por su tercer nombre: Lourdes. Lourdes era una niña muy lista y como se pensaba que ella era la única que era así, a si que construyo un robot, muy parecido a ella. Tardó unos meses en terminarlo así que estuvo todos esos meses metida en su cuarto sin hacer nada. Cuando la terminó le puso nombre: Mª Josefa Linda (Linda). Linda no parecía un robot ya que las piernas eran de color carne, las manos y la cara, y además tenía pelo. Linda se pensó que era humana, ya que Lourdes la diseñó para ello. Linda tenía la misma ropa, la misma altura y el mismo color de pelo que Lourdes. Linda no sabía que era un robot, Lourdes la había construido así para que no investigase de qué era un robot ni se le escapara eso, además Lourdes la había diseñado para que se creyera que era su prima y además había convencido a sus padres para que la dejaran construir un robot y que la llamaran Linda. Lourdes había insertado toda su memoria a Linda para que ya supiera hablar y poder empezar el curso con sus conocimientos y no tener que empezar desde primero y además le había insertado en su memoria que ella llevaba todo este tiempo en Tenerife y que sus padres se habían separado y por ello se tubo que ir a Palma del Río (Córdoba) y vivir con los tíos por parte de su madre y su prima Lourdes.
-Este es el gran momento-dijo Lourdes-, cuando en este mando le de al play Linda se encenderá para siempre y tendré una amiga para toda la vida.
-¡La cuenta atrás!-dijo Lourdes muy nerviosa-¡10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 y…!
Linda se encendió y sus primeras palabras fueron:
-Hola prima Lourdes-dijo Linda mientras Lourdes la abrazaba muy contenta por que su primer invento había salido como esperaba.
-¡Me alegro tanto de verte!-dijo Lourdes haciendo parecer que llevaba 10 años sin verla-¡Me alegro de que el viaje aya ido como se esperaba!
-¡Si estoy contenta de que nos veamos por primera vez desde tantos años!-dijo Linda.
-¡Papá, mamá Linda está aquí!-dijo Lourdes mientras sus padres subían las escaleras contentos de ver por fin el primer invento de su hija.







Continuará

domingo 1 de noviembre de 2009

La muñeca: 3º parte

La muñeca

Al día siguiente se levantó y como siempre se fue a desayunar y dejó a su muñeca encima de su cama pero, antes de irse le dijo:
-Te voy a poner un nombre, te llamarás Elena.
Y se fue al servicio.
Cuando volvió a su cuarto encontró a su muñeca en su mesa de escribir.
-¡Esto empieza asustarme!-gritó Cristina y fue a decírselo a su madre.
-¡Eso es imposible!-dijo Lola- Será tu imaginación.
Y a Cristina se le ocurrió que pondría a Elena sobre su cómoda le diría que iba a tirar la basura y luego se pondría por una rendija que hay en la puerta de su cuarto y espiaría lo que pasa.
Lo hizo y se puso a mirar y vio que sus dos hermanos salían de sus armarios, movían la muñeca de sitio y se volvían a esconder.
-¡Como os atrevéis!-gritó Cristina- ¡Salid de vuestros escondites!
Y sus hermanos salieron de armarios cabizbajos y su hermana los llevó a su madre y se lo contó todo.
-¡Porqué lo habéis hecho!-dijo Lola- Si estabais enfadados porque no nos lo habéis dicho, lo hubiéramos arreglado.
-Y, a partir de ahora no podéis salir de casa solo para ir al colegio y para ir al trabajo que os vamos a buscar y con el dinero que ganéis os compráis el muñeco que queráis.
Samuel y Manuel trabajaron de camareros en una heladería y se compraron dos muñecos con los que luego juntaron con Elena y jugaban los tres juntos.
Y aunque eran pobres eran tan felices o incluso más que una persona rica.

FIN

viernes 25 de septiembre de 2009

La muñeca: 2º parte

Cuando su madre (Lola) vio a Samuel y Manuel tan enfadados les dijo:
-Que le hayamos comprado una muñeca a vuestra hermana no significa que no os queramos, quitaos esa idea de la cabeza.
-¡No la teníamos hasta que nos lo has dicho!-dijeron a coro Samuel y Manuel. Y se tumbaron en la cama de sus padres porque, como ya sabéis, Cristina estaba jugando con su muñeca y, si la veían les daría más coraje.
-¿Qué hacemos?-dijo Lola a Ramón (que era el padre)-, Samuel y Manuel están enfadados porque ellos no tienen juguetes y Cristina sí.
-Como no le pidamos más dinero a su tía Conchi (que era la que les había dado el dinero)-dijo Ramón.
-No –dijo Lola-, tanto dinero es demasiado, se tendrán que aguantar.
-Te dejo aquí un momento muñequita-dijo Cristina-, me voy al servicio, enseguida vengo.
Y, cuando Cristina volvió la muñeca no estaba donde la había dejado (encima de la cómoda), si no encima de su cama
-¡Qué raro!-dijo Cristina-, a mi me parecía que la dejé encima de la cómoda, pero me habré equivocado. Y Cristina continuó jugando.
Al día siguiente Cristina se lo contó a sus amigas que sus padres le habían comprado una muñeca y sus amigas le dijeron que al día siguiente se trajera la muñeca y así podrían jugar todas. Y se fue a su casa tranquilamente pensando:
-Dejé a muñequita encima de la cama, que no se me olvide.
Y cuando llegó a su casa muñequita estaba encima de la cómoda.
-Bueno-dijo-, quizás al final la cambié.
Y continuó jugando.

Continuará

viernes 31 de julio de 2009

La casa del reloj: 3º parte

3º parte
La casa del reloj

Y Elena se fue al colegio y le dijo a Lorena las normas de su madre y que, como esa era su casa iba a invitar a todas las niñas de la clase menos a María, que era una niña que se llevaba muy mal con todos los niños de la clase solo porque pensaba que, al tener mucho dinero, tenía que estar solo con los ricos.
Invitó a todas sus amigas y, al final, María se enteró, pero, cuando llamó a la puerta, Elena miró por una rejilla que había en la puerta y cuando vio que era ella, les dijo a sus invitados que se callasen para que se pensara que no había nadie, y así fue.
-Elena, te hemos traído un regalo de todas las invitadas-dijo Lorena.
Y le dieron el regalo, cuando Elena lo abrió, empezó a llorar, ¡era el reloj de sus sueños!
-¡¡¡¡¡¡MUCHÍSISMAS GRACIAS AMIGAS!!!!!!
Y todas se dieron un gran abrazo.
Se lo pasaron estupendamente, jugaron, rieron, comieron, bebieron etc.
Cuando sus amigas se fueron, Elena avisó a sus padres de que se habían ido y de que estaba sola en la casa del árbol.
A la mañana siguiente María todavía estaba enfadada por lo del día anterior y, justo cuando Elena se fue al colegio María pasó por allí y la vio salir de su casa y, se le ocurrió una idea: “Mañana le diré a mis padres que me han invitado una amiga a su casa una semana, pero en realidad entraré en la casa del árbol, me esconderé y cuando no esté nadie, jugaré y haré lo que quiera, y, cuando Elena salga al colegio, saldré por la ventana y no me verá y saldré un poco antes para llegar antes a la casa del árbol, porque no puedo faltar una semana al colegio”. Y eso hizo.
Cuando volvió del colegio le dijo eso a sus padres y le dejaron. Y ella se había enterado de que Elena y sus amigas habían quedado a las 5 en una heladería, aprovecharía el momento para entrar en la casa del árbol buscar un sitio para esconderse y jugar.
A las 5 menos 10 estaba María en el jardín de Elena (bueno en realidad detrás de un matorral del jardín de Elena), y vio salir a Elena, y cuando salió por la puerta del jardín, María salió corriendo y se metió en la casa del árbol.








Continuará

martes 21 de julio de 2009

La casa del reloj: 2º parte

2º parte
La casa del reloj

Elena ya había cenado y su madre la había acostado, y, justo cuando Antonia cerró la puerta Elena se levantó y, como no podía empezar a mover llevar los muebles porque sus padres todavía estaban durmiendo, empezó a empaquetar las cosas pequeñas cuando se dio cuenta de que los muebles grandes no podía llevarlos ella sola y entonces se le ocurrió una idea: llamar a su mejor amiga Lorena y que le ayudara con la condición de que luego la dejara jugar en su casa y Elena aceptó.
Lorena llegó y subió por la ventana por una cuerda que Elena le había lanzado. Para cuando Lorena subió, Elena ya había empaquetado todos los juegos de mesa, los peluches etc. y sus padres ya se habían dormido, a si que empezaron a coger las cosas más grandes: la cama, la estantería, el ordenador, la mesa, el sofá etc.
Cuando ya habían tirado las cosas de la casa del árbol y habían colocado las nuevas cosas cogieron las otras cosas de la casa del árbol y las colocaron en su habitación. Cuando estuvo todo echo, Lorena se marchó y Elena se puso a dormir en la casa del árbol, pero antes puso una nota en la mesa de su cuarto:
“Mamá, papá ir a la casa del árbol, allí me encontraréis”.
Por la mañana, Antonia fue a despertar a Elena por la mañana y cuando vio la nota se fue corriendo a la casa del árbol y despertó a Elena y, justo cuando le iba a echar una bronca Elena se adelantó y dijo:
-¡Esta es la casa del árbol de mis sueños!
-De acuerdo –dijo Antonia-, pero tus notas se tienen que quedar igual y, ni se te ocurra pedirnos el reloj que querías, lo tendrás que comprar con tus ahorros.
-¿Pero me dejaras dormir, comer y vivir aquí, verdad?-preguntó Elena.
-Vale-dijo Antonia.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡BIEN, GRACIAS MAMÁ!!!!!!!!!
Y su madre le trajo el desayuno y le advirtió que, como no la iban a vigilar, no saliera a ningún sitio sin preguntarles y que cuando llegara a casa, para asegurarse de que ya estaba aquí y Elena asintió.







Continuará